Schistosomiasis Control Initiative
Children fishing in a pond. They can come into contact with contaminated water, staring point of Schistosomiasis.
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Esquistosomiasis

23 de febrero de 2026

Datos y cifras

  • Los niños en edad escolar son especialmente vulnerables a las infecciones debido a la falta de higiene y a ciertas actividades recreativas, como nadar o pescar en aguas infestadas, que implican contacto con aguas infestadas.
  • La esquistosomiasis es una enfermedad causada por trematodos parásitos que puede manifestarse tanto de forma aguda como crónica.
  • La infestación se produce al realizar actividades agrícolas, domésticas, profesionales o recreativas habituales que implican contacto con aguas infestadas.
  • Se calcula que al menos 253,7 millones de personas necesitaron tratamiento profiláctico contra la esquistosomiasis en 2024; de ellas, más de 100,5 millones lo recibieron.
  • Las estrategias de control se centran en reducir el número de casos mediante el tratamiento periódico a gran escala con prazicuantel. La transmisión también puede limitarse mediante un enfoque más amplio que incluya el acceso a agua potable, un saneamiento adecuado, intervenciones para modificar comportamientos, medidas de salud pública veterinaria y el control de los caracoles que actúan como hospedadores intermediarios.

Panorama general

La esquistosomiasis es una enfermedad parasitaria, aguda o crónica, causada por duelas sanguíneas (trematodos) del género Schistosoma. Según los cálculos, al menos 253,7 millones de personas necesitaron tratamiento profiláctico en 2024 para reducir y prevenir la morbilidad, un tratamiento que debe repetirse durante varios años. Se ha documentado transmisión de la enfermedad en 79 países y se ha confirmado la transmisión de Schistosoma haematobium en Cabo Verde, país donde anteriormente no existía endemia de este patógeno. No obstante, la quimioprofilaxis mediante el tratamiento a gran escala de personas y conjuntos de poblaciones solo es necesaria en 50 países en los que la enfermedad es endémica y donde la transmisión presenta niveles moderados o altos.

Infestación y transmisión

La infestación humana se produce cuando las formas larvarias del parásito, liberadas por caracoles de agua dulce, penetran en la piel durante el contacto con aguas infestadas.

Cuando las personas infestadas contaminan fuentes de agua dulce con heces u orina que contienen huevos del parásito, estos eclosionan en el agua.

Dentro del organismo, las larvas se transforman en esquistosomas adultos que viven en los vasos sanguíneos. Allí las hembras liberan huevos. Una parte de estos huevos se elimina con las heces o la orina y el ciclo vital del parásito prosigue en el medio ambiente. Otros huevos quedan atrapados en los tejidos corporales, donde desencadenan una reacción inmunitaria y provocan daños progresivos en los órganos.

Epidemiología

La esquistosomiasis es frecuente en regiones tropicales y subtropicales, especialmente en zonas pobres donde no hay agua potable ni saneamiento adecuado. Se calcula que al menos el 93,6 % de las personas que necesitan tratamiento viven en África.

Las dos formas principales de la enfermedad (intestinal y genitourinaria) están causadas por cinco especies principales de duelas sanguíneas.

Cuadro. Especies de parásitos de la esquistosomiasis y su distribución geográfica

EspeciesDistribución geográfica
Esquistosomiasis intestinal Schistosoma mansoni África, Oriente Medio, el Caribe, el Brasil, Venezuela y Suriname
 Schistosoma japonicum China, Indonesia y Filipinas
 Schistosoma mekongi Varios distritos de Camboya y la República Democrática Popular Lao
 Schistosoma guineensis y su congénere S. intercalatum Zonas de bosque pluvial de África central
Esquistosomiasis urogenital Schistosoma haematobium África, Oriente Medio, Córcega (Francia)

La esquistosomiasis afecta sobre todo a zonas pobres y rurales, en particular a áreas agrícolas y pesqueras. Las mujeres que realizan tareas domésticas en aguas infestadas, como lavar ropa, también están expuestas al riesgo y pueden presentar esquistosomiasis genital femenina. Los niños constituyen otro grupo especialmente vulnerable si mantienen hábitos de higiene inadecuados y entran en contacto con aguas infestadas.

Los desplazamientos de población y los movimientos migratorios hacia áreas urbanas favorecen la introducción de la enfermedad en nuevas zonas. Con frecuencia, el crecimiento demográfico y el aumento de las necesidades de energía y agua que conlleva dan lugar a proyectos de desarrollo y modificaciones del entorno que incrementan la transmisión.

Además, el auge del ecoturismo y de los viajes a zonas remotas hace que cada vez más turistas contraigan esquistosomiasis. En algunos casos se observan infestaciones agudas graves y manifestaciones poco habituales, como parálisis.

La esquistosomiasis genitourinaria también se considera un factor de riesgo de infección por VIH, especialmente en las mujeres.

Síntomas

Los síntomas de la esquistosomiasis se deben principalmente a la reacción del organismo frente a los huevos del trematodo.

La esquistosomiasis intestinal puede provocar dolor abdominal, diarrea y presencia de sangre en las heces. En las fases avanzadas es frecuente la hepatomegalia (aumento del tamaño del hígado), a menudo acompañada de ascitis (acumulación de líquido en la cavidad peritoneal) e hipertensión portal (aumento de la tensión en los vasos sanguíneos abdominales). En estos casos también puede aparecer esplenomegalia (aumento del tamaño del bazo).

El signo característico de la esquistosomiasis genitourinaria es la hematuria (presencia de sangre en la orina), y en las fases avanzadas pueden aparecer lesiones renales y fibrosis de la vejiga y de los uréteres. Otra posible complicación en estas fases es el cáncer de vejiga.

En las mujeres, la esquistosomiasis genitourinaria puede causar lesiones genitales, hemorragias vaginales, dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) y nódulos vulvares. En los hombres puede provocar dolor durante la eyaculación, hematospermia y alteraciones de las vesículas seminales, la próstata y otros órganos. También pueden producirse otras consecuencias crónicas irreversibles, como la esterilidad.

La esquistosomiasis tiene repercusiones importantes tanto en la salud como en la economía y provoca más discapacidad que muertes. En los niños puede ocasionar anemia, retraso del crecimiento y dificultades de aprendizaje, problemas que por lo general pueden revertirse con el tratamiento. La esquistosomiasis crónica puede reducir la capacidad de trabajo y, en algunos casos, llegar a ser mortal. El número de muertes atribuibles a esta enfermedad es difícil de calcular, ya que existen afecciones asociadas que a menudo pasan desapercibidas, como la insuficiencia hepática o renal, el cáncer de vejiga o los embarazos ectópicos relacionados con la esquistosomiasis genital femenina.

Las estimaciones actuales sitúan en 14 353 el número de muertes anuales por esquistosomiasis en el mundo. No obstante, esta cifra probablemente esté subestimada y es necesario realizar nuevas estimaciones.

Diagnóstico

El diagnóstico de la esquistosomiasis se basa en la detección de huevos del parásito en muestras de heces o de orina. La presencia de anticuerpos o antígenos en muestras de sangre u orina también puede indicar infestación.

En la esquistosomiasis urogenital, el método diagnóstico más utilizado consiste en hacer pasar la orina por filtros de nailon, papel o policarbonato. Asimismo, los niños infestados por S. haematobium presentan con frecuencia microhematuria, que puede detectarse mediante tiras reactivas.

En el caso de la esquistosomiasis intestinal, los huevos pueden observarse mediante la técnica de Kato-Katz en muestras de heces colocadas entre un portaobjetos de vidrio y papel de celofán impregnado con glicerina y azul de metileno. En las zonas donde se transmite S. mansoni también puede emplearse la prueba del antígeno catódico circulante.

En las zonas con baja transmisión o donde la enfermedad no es endémica, las pruebas serológicas e inmunológicas pueden ser útiles para determinar si ha habido exposición al parásito y para decidir si es necesario realizar exámenes, administrar un tratamiento y hacer un seguimiento de los afectados.

Prevención y control

La lucha contra la esquistosomiasis se basa en el tratamiento a gran escala de los grupos de población expuestos a riesgo, el acceso a agua salubre, la mejora del saneamiento, la educación en materia de higiene, los cambios de comportamiento y la aplicación del enfoque de «Una sola salud» para controlar los caracoles que actúan como hospedadores intermediarios y reducir así la transmisión zoonótica.

En muchos países del África subsahariana se ha notificado la presencia en seres humanos de híbridos de esquistosomas humanos y animales (S. haematobiumS. bovis y S. haematobiumS. mattheei), algunos de los cuales podrían transmitir la esquistosomiasis, como se observó durante el brote registrado en Córcega (Francia) en 2013.

La Hoja de Ruta para las Enfermedades Tropicales Desatendidas 2021–2030, aprobada por la Asamblea Mundial de la Salud, establece como metas mundiales eliminar la esquistosomiasis como problema de salud pública en todos los países donde la enfermedad es endémica e interrumpir su transmisión —es decir, lograr la ausencia de infestaciones en seres humanos— en determinados países.

La estrategia de la OMS para controlar la esquistosomiasis se centra en reducir el número de casos mediante el tratamiento periódico y focalizado con prazicuantel, administrado a gran escala (quimioprofilaxis) a los grupos afectados. Para ello es necesario tratar de forma periódica a todas las personas que pertenecen a grupos de riesgo. Además, en algunos países con baja transmisión debería intentarse interrumpirla.

Los grupos destinatarios del tratamiento son:

  • los niños en edad preescolar;
  • los niños en edad escolar;
  • en las zonas donde la enfermedad es endémica, los adultos que corren riesgo y las personas cuyos trabajos implican contacto con aguas infestadas, como la pesca, las labores agrícolas o la irrigación, así como las mujeres cuyas tareas domésticas las ponen en contacto con esas aguas; y
  • toda la población en las zonas con alta endemicidad.

La OMS recomienda tratar a los niños infestados en edad preescolar, atendiendo al dictamen diagnóstico y a criterios clínicos, e incluirlos en programas de tratamiento a gran escala con la formulación pediátrica de prazicuantel.

La frecuencia de tratamiento de los niños en edad escolar depende de la prevalencia de la infestación. En las zonas con transmisión intensa puede ser necesario repetir el tratamiento anual durante varios años. Asimismo, es fundamental realizar un seguimiento para evaluar los efectos de estas intervenciones.

El objetivo es reducir la morbilidad y la transmisión para eliminar la enfermedad como problema de salud pública. El tratamiento periódico de los grupos de riesgo permite curar los síntomas leves y evitar las fases tardías y graves de la enfermedad crónica.

Una de las principales limitaciones del control de la esquistosomiasis es, sin embargo, la escasa disponibilidad de prazicuantel, especialmente para los adultos. Según los datos de 2024, este tratamiento solo pudo ofrecerse al 39,6 % de las personas que lo necesitaban, mientras que el 61,7 % de los niños en edad escolar que lo requerían recibieron quimioprofilaxis.

El prazicuantel es el fármaco recomendado para todas las formas de esquistosomiasis. Es eficaz, seguro y de bajo costo. Aunque pueden producirse reinfestaciones tras el tratamiento, el riesgo de padecer síntomas graves disminuye e incluso puede revertirse cuando esta terapia se inicia en la infancia y se repite de forma periódica.

Durante los últimos 40 años se ha logrado controlar con éxito la esquistosomiasis en algunos países y zonas, entre ellos Arabia Saudita, el Brasil, Camboya, China, Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Mauricio, Omán, la República Democrática Popular Lao, la República Islámica del Irán, Túnez y las islas del Caribe. En muchos países, el tratamiento se ha extendido a todo el territorio y se han obtenido resultados en pocos años. En algunos países es necesario evaluar la situación de la transmisión.

En los últimos 10 años se han llevado a cabo campañas de tratamiento a gran escala en algunos países del África subsahariana, donde vive la mayor parte de las personas en riesgo. Estas campañas han permitido reducir en casi un 60 % la prevalencia de la enfermedad entre los niños en edad escolar. (1)

Respuesta de la OMS

La labor de la OMS frente a la esquistosomiasis forma parte de un enfoque integrado de control de las enfermedades tropicales desatendidas. Aunque estas enfermedades son muy diversas desde el punto de vista clínico, comparten características que favorecen su persistencia en los contextos de pobreza, donde suelen concentrarse y solaparse.

La OMS coordina la estrategia de quimioprofilaxis en consulta con los centros colaboradores y con asociados de instituciones académicas y de investigación, el sector privado, organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales de desarrollo y otras organizaciones de las Naciones Unidas. Además, elabora directrices técnicas y recursos destinados a los programas nacionales de control.

En colaboración con diversos asociados y con el sector privado, la OMS ha promovido un mayor acceso al prazicuantel y a los recursos necesarios para administrarlo. El sector privado y los asociados para el desarrollo se han comprometido a proporcionar cantidades suficientes de este fármaco para tratar cada año a más de 100 millones de niños en edad escolar.

 

Referencia bibliográfica

  1. Kokaliaris C, Garba A, Matuska M, Bronzan RN, Colley DG, et al. «Effect of preventive chemotherapy with praziquantel on schistosomiasis among school-aged children in sub-Saharan Africa: a spatiotemporal modelling study». Lancet Infect Dis. 2022 Jan;22(1):136-149. doi: 10.1016/S1473-3099(21)00090-6. Epub 2021 Dec 2. Erratum in: Lancet Infect Dis. 2022 Jan;22(1):e1.